Article del bloc d’Iñaki Anasagasti del 20 de novembre de 2006

La IZQUIERDA ABERTZALE

Fue hace 28 años. El PNV había decidido convocar una manifestación contra ETA. Iba a tener lugar en Bilbao. Recuerdo que la izquierda abertzale arremetió contra nosotros con una dureza inusitada. De entre las críticas que recibimos, destacó la proferida por Mario Onaindia, que nos tildó de oportunistas, mientras vaticinaba que todo lo que aquel gesto nos iba a permitir ganar por la derecha, íbamos a perderlo por la izquierda. Y aprovechó la ocasión para criticar una vez más el abertzalismo claudicante de un PNV que, en su opinión, renunciaba a las reivindicaciones nacionales más elementales.

Después, Onaindia evolucionó. Y lo hizo con tanta energía, que acabó militando en el PSOE y escribiendo libros furibundamente antinacionalistas. La izquierda abertzale radical que profesaba en 1978, se convirtió, con el paso de los lustros, en una socialdemocracia tenue y antiabertzale. En lo social, su pensamiento político evolucionó 89 grados. Pero en lo nacional, 180. Eso sí, continuó dándonos clases de racionalidad y coherencia políticas, hasta su muerte.

No ha sido el peor. Otros, que en el pasado fueron, también, izquierdistas e hiper abertzales, militan, ahora, en el PP. Es el caso de Jon Juaristi. Su giro ha sido de 180 grados, tanto en lo social, como en lo nacional.

Quienes definen su identidad ideológica sobre el doble pilar izquierdista e independentista, gozan, siempre, de amplias ventajas a la hora de situarse y actuar en el terreno político. Su nacionalismo radical les permite criticar a los nacionalistas tibios, acusándolos de traidores y vendepatrias, sin que eso les impida a ellos acogerse a su identidad de izquierdas, para entenderse políticamente con partidos españoles (también de izquierdas), sin que su ideario se resienta lo más mínimo. Porque son independentistas, pero también son de izquierdas. Y el eje de sus alianzas puede ser el nacional, pero también puede ser el social. Y los dos ejes forman parte de su identidad política. Esto ocurrió con muchos de los antiguos Euskadiko Eskerras. Que se quedaron en el PSOE, sin que se les alterara lo más mínimo el color y el gesto de la cara. Pero la historia no acabó con ellos. Hay otros en similar situación que, mucho me temo, acabarán haciendo lo mismo.

El de ERC es un ejemplo paradigmático de esto que digo. En cuestión de meses, ha contorsionado sus mensajes, hasta extremos increíbles. Hace unos meses, su secretario general, Joan Puigcercós, declaraba a un diario vasco (DEIA 8 de mayo de 2006) que la vocación de su partido consistía en conformar un núcleo independentista y de izquierdas, frente al regionalismo de CiU que, en su opinión, estaba, cada vez, más cerca del PSC. ¿No teme un futuro pacto de gobierno de CiU y PSC en la Generalitat?, le preguntaba el periodista. Su respuesta era terminante:

“Sí me da miedo la sociovergencia, pero es legítima. Si deciden pactar, que lo hagan. Eso clarificaría mucho las cosas, porque Cataluña avanza hacia un modelo de tres espacios políticos, que se van a poder ver en el referéndum: el regionalismo centrista de CiU y el PSC, el españolismo de derechas del PP, y el independentismo de izquierdas de ERC”

La izquierda abertzale auténtica era ERC. Auténtica en lo abertzale y auténtica en lo izquierdoso. Si CiU pactaba con el PSC, estaría contribuyendo a la conformación de una suerte de “regionalismo centrista”, entregado a la causa española. Pero con ellos no existía ese riesgo. Ellos eran “el independentismo de izquierdas”.

Una vez celebradas las elecciones, todo el mundo ha podido comprobar que quien se ha ido con el PSC, arrinconando al partido más votado en todas las circunscripciones, no ha sido el “regionalista” CiU, sino el “independentista” ERC. ¿Cómo ha podido ocurrir semejante cosa? Fácilmente. De la misma manera que ocurrió con Mario Onaindía. La izquierda es, para ellos, una coartada que les permite hacer lo que quieren sin que nadie pueda acusarles de traidores, porque ellos, ya se sabe, son “independentistas”. Más nacionalistas que nadie. Y como son más nacionalistas que nadie, nadie puede sospechar que estén vendiendo Catalunya al PSOE. Si lo hace CiU, estaría contribuyendo a conformar, junto con el PSC, un sano “regionalismo centrista”. Pero ERC es independentista y lo puede hacer sin que de ello derive peligro alguno para Catalunya.

Las explicaciones que han dado los líderes de ERC para explicar esta maniobra, no tienen pérdida. Carod Rovira argumentaba en un artículo publicado el pasado sábado en EL PAIS (el órgano oficial del Gobierno del PSOE) que el acuerdo con el PSC tenía que ver con la idea de que “Para Ezquerra, cohesión social y cohesión nacional no son sino dos caras de un mismo objetivo”. Y para los que no entienden la retórica enrevesada de algunos políticos, precisaba:

“Ni PSC, ni CiU, como ya se ha observado en el largo debate del Estatut y en sus programas, tienen voluntad de ir más allá del marco legal vigente. Nosotros seremos la garantía de su desarrollo máximo. Pero somos conscientes de que ni unos ni otros quieren ni han querido nunca la soberanía completa para nuestro país. Partiendo, pues, de las bases de bloque del horizonte nacional, prefijado en el techo estatutario, la elección tenía que poner acento en las cuestiones sociales”

Ya ven con qué descaro se puede defender una cosa y la contraria, si quien lo hace goza de cara suficiente. Veamos:

– Ellos votaron que No al Estatut, porque no era un instrumento adecuado para una nación como Catalunya. Sin embargo, como ya está aprobado y en vigor, arrinconan a CiU y pactan con el PSC argumentando que “la garantía de su desarrollo máximo” es ERC y sólo ERC. ¿No era previsible que un gobierno de coalición nacionalista hiciera un desarrollo estatutario más ambicioso? No porque la garantía de “su desarrollo máximo” es ERC y sólo ERC, que para eso es independentista.

– Ellos quieren la “soberanía completa” para Catalunya. Pero como ni CiU ni el PSC la desean, arrinconan a CiU, se olvidan de la soberanía completa y pactan con el PSC, poniendo el acento “en las cuestiones sociales”. En su intervención ante el Consell Nacional, Carod Rovira desarrollaba este argumento, haciendo notar que “ni CiU ni PSC disponen de un horizonte nacional que vaya más allá del Estatus que hay ahora, puesto que más allá de la autonomía no hay para ellos horizonte”. Por lo tanto, añadía, “tenemos que buscar las diferencias en otro lado, en las políticas sociales, y aquí sí que hay diferencias”. Por ello han optado por Montilla.

¿Significa esto que están perjudicando al nacionalismo catalán? No, evidentemente. Porque ellos son la garantía de que el nacionalismo catalán se mantendrá reivindicativo y en tensión. No en vano son independentistas. Por ello dice Carod Rovira que el pacto con el PSC no es una traición a la causa nacional catalana. En puridad, si pactan con el PSC, es para el bien del nacionalismo catalán, porque van a “reformular, desde la izquierda y desde los valores republicanos y democráticos, el discurso y las políticas del catalanismo”. ERC desea “un catalanismo renovado en sus discursos y en sus políticos. Más abierto, más inclusivo, más atractivo para aquellos que aún no se sienten partícipes”. Lo que están haciendo, pues, es por el bien de Catalunya. Una apuesta “en clave de futuro”, para cuyo éxito resultaba, al parecer, imprescindible, marginar al partido político que ganó las elecciones en todas las circunscripciones. Se va a reformular el catalanismo, sin contar con el principal partido de Catalunya. ¿Quién da más?

El mismo día, el diario EXPANSIÓN publicaba una entrevista con Joan Puigcercós. Sus respuestas son de traca. Cuando el entrevistador le pregunta sobre si Ezquerra primará a partir de ahora el eje ideológico sobre el nacional, responde:

“Para Ezquerra el eje nacional sólo, no tiene sentido, porque somos un partido de izquierdas. En Cataluña tenemos tres problemas muy graves: reconducir la deslocalización, que muchas son lógicas y comprensibles, pero que se pueden y se deben afrontar mejor, asumir la inmigración, con todo lo que implica, que es también una cuestión nacional y el problema de la gente joven, con el acceso a la vivienda. Con todo esto, era mejor un acuerdo progresista”

Si no lo entienden vuelvan a leer el fragmento, por favor. Probablemente seguirán sin entenderlo. Si es así, desistan. Es ininteligible. O, cuando menos, lo es en términos racionales. Puigcercós dice que han marginado al partido que ha ganado las elecciones…sólo para afrontar la deslocalización, la inmigración y el problema de la gente joven con el acceso a la vivienda. Increíble, pero cierto. ¿Era realmente necesario arrinconar a CiU para eso? ¿Cree, de verdad, Puigcercós, que en estos tres temas, que entroncan directamente con políticas que van a ser diseñadas en Madrid y en Bruselas, los planteamientos del tripartito van a ser esencialmente diferentes a los que defiende CiU? ¡Hace falta rostro! Si planteasen la nacionalización de la banca o de las empresas energéticas, vale. CiU no les hubiese acompañado, es evidente. Pero…en las políticas tendentes a frenar la deslocalización de empresas, facilitar la inmigración y promover el acceso de los jóvenes a la vivienda, lo cierto es que no van a ser capaces de diseñar políticas sociales que no puedan ser asumidas por CiU. ¿Es esa toda la apuesta social que les ha llevado al tripartito? ¡Menudas alforjas para tan poco viaje!

Puigcercós afirma en la entrevista que quiere atraer multinacionales a Catalunya y, para ello, apuesta por las infraestructuras y la formación. Es decir, CiU en estado puro. Muestra también su preocupación por las normas fiscales y medioambientales, que “pueden perjudicar la competitividad en la economía catalana”. Nuevamente, CiU en estado puro. Y sobre las deducciones fiscales que Esperanza Aguirre está aplicando en la Comunidad de Madrid, asegura que “nos deben hacer reflexionar porque son un elemento competitivo que debe ser tenido en cuenta”. ¡Viva la política social! ¡Viva el tripartito y su voluntad progresista!

Y mientras tanto, ¿Qué ocurrirá con lo nacional?

Puigcercós nos decía hace unos meses en DEIA que “la única solución es reconocer el derecho a la autodeterminación o reconocer las naciones. Si no se reconoce que Euskadi es una nación, los vascos deberán exigir su derecho a la autodeterminación cuando una mayoría democrática y pacífica así lo permita”. Muy bien. Gracias por el consejo. Pero ahora, cuando le preguntan sobre si planteará o no el tema de la autodeterminación responde:

“Ezquerra no piensa plantear un debate sobre la autodeterminación. Después de un proceso estatutario con tanto desgaste, lo que queremos hacer es desplegarlo desde el Gobierno, aunque lo votáramos en contra. Esa es una de las cosas que no debe plantear un Gobierno. Sobre el Estatus hay cosas que pensamos que son insuficientes, pero con el 15% de los votos no podemos imponer al resto del arco parlamentario una posición de fuerza”

Consejos vendo, que para mí no tengo. ERC, la suprema garantía de que la tensión nacional de Catalunya no fenecerá, aúpa al gobierno a un presidente del PSC, para hacer políticas que, bajo el título de progresistas, serán de centro o incluso estarán inspiradas en las de Esperanza Aguirre. Y sobre todo, NO PIENSA PLANTEAR UN DEBATE SOBRE LA AUTODETERMINACIÓN.

¿Se puede decir con esto, que es ella, ERC, la que tiende a ocupar ahora el espacio político “autonomista” que Pugcercós reprochaba a CiU para el supuesto de que pactase con el PSC? ¿O esa acusación vale para CiU, pero no vale para ERC?

En fin.

¿Alguien quería lecciones sobre lo ocurrido en Catalunya? Ahí las tiene. Carod y Puigcercós en vías de transformarse en Mario Oinandia. Lo mismo que harán los que todavía, en Euskadi, siguen afirmando que son independentistas y de izquierda. Al tiempo.

Llegir-ho al bloc d’Iñaki Anasagasti

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